Nutrición y recetas ayurvédicas

El ghee es mantequilla a la que se le ha quitado el agua y los sólidos lácteos. Esa frase de once palabras describe bien lo que es y muy mal lo que significa, porque en la literatura ayurvédica el ghee no es un ingrediente entre otros: es el producto lácteo más citado de toda la tradición, y por bastante margen.

Qué es el ghee, y por qué no es mantequilla

Se prepara calentando mantequilla a fuego suave hasta que el agua se evapora y los sólidos lácteos se separan y se doran en el fondo. Lo que queda es grasa pura, dorada y translúcida, con olor a fruto seco tostado.

Ese proceso cambia tres cosas concretas. Desaparecen la lactosa y la caseína, que es la razón por la que mucha gente que no tolera los lácteos sí tolera el ghee. Sube el punto de humo por encima de los doscientos grados, así que aguanta cocciones que la mantequilla no aguanta. Y se vuelve estable a temperatura ambiente durante meses, sin nevera, que en la India preindustrial no era un detalle menor.

Lo que no cambia es el contenido de grasa saturada, que sigue siendo alto. El ghee no es mantequilla mejorada. Es otra sustancia, con otros usos, y en cantidad importa igual.

774 menciones: lo que dice la tradición

Hay un trabajo publicado en 2024 que hizo algo que nadie había hecho: revisar once textos ayurvédicos clásicos, que abarcan más de tres mil años, y catalogar todas las referencias a la leche y sus derivados. Encontraron cuatro mil menciones, de las cuales 2.913 eran terapéuticas.

De esas 2.913 menciones terapéuticas a productos lácteos en la literatura ayurvédica clásica, 774 corresponden al ghee, la cifra más alta de todos los derivados de la leche. Los autores las agruparon en quince categorías de beneficio. Journal of Ayurveda and Integrative Medicine, enero 2024

La categoría que más peso tiene no es la digestiva, aunque lo parezca. El ghee se clasifica como rasayana, rejuvenecedor, y su función central en la tradición es actuar de vehículo: es la sustancia que transporta los principios activos de las plantas hasta los tejidos profundos. Por eso la mayoría de preparados medicinales serios de la farmacopea ayurvédica son ghees medicados y no infusiones. Es también el motivo de que aparezca en el nasya, en el abhyanga y en la oleación previa de un Panchakarma.

El ghee rara vez es el remedio. Es lo que lleva al remedio donde tiene que llegar.

Esa idea de vehículo hacia los tejidos conecta con la secuencia de los siete dhatus, que es el mapa con el que la tradición explica cómo se alimenta el cuerpo de dentro afuera.

Dónde la ciencia y el Ayurveda no se miran a la cara

El hallazgo más interesante de ese mismo trabajo es una discrepancia. Al comparar la literatura ayurvédica con la investigación moderna publicada entre 1990 y 2023, los autores encontraron que ambas se ocupan de cosas distintas.

La investigación contemporánea sobre el ghee se ha centrado sobre todo en salud cardiovascular, cicatrización de heridas y piel. El Ayurveda, en cambio, priorizó siempre tres áreas: función cognitiva, salud gastrointestinal y nutrición profunda de los tejidos.

Dicho de otro modo, la ciencia ha estado midiendo lo que le preocupaba de las grasas lácteas, y la tradición había estado usando el ghee para otra cosa. Los propios autores señalan que las áreas priorizadas por el Ayurveda son justamente las que ganan importancia según envejece la población mundial, y sugieren que ahí hay preguntas de investigación sin abrir.

Hay también una revisión de 2024 que examina los mecanismos por los que el ghee podría influir en hueso y articulación, a través de sus ácidos grasos de cadena corta y media y de las vitaminas liposolubles A, D, E y K2. Conviene leerla por lo que es: una revisión de mecanismos plausibles, no de resultados clínicos. Explica por dónde podría funcionar, no demuestra que funcione.

El butirato, y una confusión que conviene deshacer

Vas a leer en muchos sitios que el ghee es una fuente de ácido butírico y que por eso cuida el intestino. La primera parte es cierta y la segunda mezcla dos cosas distintas.

El butirato es efectivamente uno de los metabolitos más estudiados en salud intestinal. Regula la función de la barrera epitelial y la inmunidad de la mucosa, actúa sobre la diferenciación de las células epiteliales del intestino, de los fagocitos, de los linfocitos B y de los linfocitos T reguladores, y sus efectos alcanzan a órganos distantes como el hígado, el pulmón y el cerebro. Eso está bien establecido y publicado en revistas de primer nivel.

Pero ese butirato procede en su inmensa mayoría de la fermentación bacteriana de la fibra en el colon, no de la grasa que comes. La grasa del ghee se absorbe mucho antes, en el intestino delgado. Comer ghee no es una forma eficiente de llevar butirato al colon, y desde luego no sustituye a la fibra.

Lo digo porque es el atajo argumental más repetido del bienestar ayurvédico en internet, y porque el ghee tiene razones suficientes para estar en tu cocina sin necesidad de esa. Si lo que te preocupa es el intestino, lo que lo cambia es la fibra, la regularidad de las comidas y preparaciones como el takra o el kichari.

Cómo usarlo según tu dosha

Vata es quien más se beneficia. Sequedad, frío, digestión irregular, ansiedad: el ghee responde a todo eso por su naturaleza untuosa y cálida. Una cucharadita en la comida caliente, a diario.

Pitta lo tolera bien y le conviene, porque el ghee es de los pocos grasos que la tradición considera refrescantes. Es el vehículo de elección cuando hay inflamación o acidez.

Kapha es quien debe moderarlo. Ya tiene de sobra lo que el ghee aporta, así que aquí se usa en cantidad pequeña y se compensa con especias que muevan, como jengibre o pimienta larga. La lógica completa está en el sistema tridóshico y en los seis sabores.

En la práctica. Se añade al plato ya servido o se cocina con él, aguanta bien el calor. Una cucharadita en la leche dorada de la noche es la forma clásica de tomarlo cuando el objetivo es el sistema nervioso. Y en uso externo se aplica en piel muy seca o irritada, que es el papel que cumple dentro de la rutina de belleza ayurvédica.

La cantidad habitual en uso alimentario es de una a dos cucharaditas al día. Las dosis grandes de la oleación terapéutica son otra cosa, se hacen durante un número concreto de días y con supervisión.

Cuándo no conviene

El ghee alimenta a quien tiene fuego digestivo para procesarlo, y lastra a quien no. Se reduce o se retira cuando la digestión va muy lenta y pesada, cuando hay exceso de kapha, cuando hay colesterol elevado sin controlar, y durante procesos agudos con fiebre. La lengua muy blanca por la mañana y la sensación de plomo después de comer son las dos señales de que ahora mismo sobra.

En ese caso el orden correcto es aligerar primero y reintroducirlo después, que es la lógica del programa de reset ayurvédico. También conviene recordar que el Ayurveda nunca planteó el ghee como suplemento aislado sino dentro de una forma de comer, algo que desarrollo al hablar del lugar de los alimentos de origen animal.

Para saber si en tu caso concreto suma o resta, y en qué cantidad, una consulta ayurveda online permite valorarlo por pulso. Para situar antes tu constitución, el test de doshas es gratuito, y qué es el Ayurveda da el marco general.

Fuentes: Journal of Ayurveda and Integrative Medicine, enero 2024 — DOI: 10.1016/j.jaim.2023.100819. Nature Reviews Immunology, abril 2024 — DOI: 10.1038/s41577-024-01014-8. Prostaglandins & Other Lipid Mediators, septiembre 2024 — DOI: 10.1016/j.prostaglandins.2024.106902. Este artículo es informativo y no sustituye la consulta con un profesional de salud.

Elsa Ramos Elías

Experta en Ayurveda y conferenciante internacional. Certificada por ATAB (Ministerio AYUSH de India). Formada con la familia Naram — referentes mundiales del diagnóstico por pulso — con más de 4.000 horas de estudio clínico y prácticas en hospitales ayurvédicos en India. Especialización en Panchakarma, fertilidad y salud femenina. Ponente junto a New York Times bestseller Master Sha en París. Publicada en Vogue USA, La Vanguardia, WeLife y Europa Press.

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